Tu pecado
Soberbia
PRIDE
La rueda que no duda
Tu criterio es el eje; la mirada va al frente.
Avanzas según tu propio criterio antes que según la valoración ajena. Aunque te contradigan o algo salga mal, queda la convicción de que puedes lograrlo. Cuando ese impulso es fuerte, el riesgo y el efecto sobre otros parecen menores de lo que son.

Comprobando si hay un resultado guardado...
Cómo se manifiesta este pecado
Cuando la soberbia sale con más fuerza, el eje de tu juicio es tu propio criterio. Aunque te contradigan o algo no funcione, queda la convicción de que puedes lograrlo.
No se trata de mirar a nadie por encima del hombro. Es una forma de impulso: dar el paso según tu propia previsión y no según la opinión del entorno. Si el rumbo te parece correcto, lo incierto se resuelve mientras avanzas.
Dónde aparece en el día a día
- Aunque te digan que es imposible, sigues si ves una vía
- La decisión final, cuando dudas, sigue tu criterio y no el consejo ajeno
- Empiezas antes de tener la preparación completa y ordenas en marcha
- Escuchas las objeciones, pero la conclusión rara vez se mueve
Cuándo funciona como fortaleza
Puedes moverte en la fase en que nadie tiene certeza. Donde esperar un acuerdo quemaría la oportunidad, tu juicio es lo que hace avanzar las cosas. Sostener un rumbo sin dejarte arrastrar por la inquietud del entorno es parte de la misma fortaleza.
La recuperación tras un fallo suele ser rápida. Un mal resultado no invalida el criterio en sí, así que el hueco hasta el movimiento siguiente es corto.
Cuándo gira en vacío
Cuanto más fuerte es la convicción, más pequeños parecen el riesgo y el efecto sobre otras personas. Lo incierto que pensabas resolver por el camino puede llegar todo de golpe.
El momento en que las objeciones empiezan a sonar a ruido y no a información es la señal a vigilar. Puede que tu criterio acierte más veces que no, y cuando no acierta, el coste lo asume a veces otra persona.
Relación con los otros pecados
La melancolía es casi la reacción inversa: recibe y se hunde, mientras la soberbia no duda y da el paso. La ira se parece en querer imponer tu criterio, pero mira el punto sin resolver mientras la soberbia mira hacia delante.
Junto con la pereza, mantienes una dirección elegida mucho tiempo sin dudarla: impulso máximo y revisión mínima.
Si te ha salido este pecado
Decide la condición de retirada antes de empezar. «Si este número baja de aquí, cambio el plan», puesto por adelantado, reduce el riesgo sin tocar la convicción.
Reunir las objeciones como material y no como conclusiones no te cuesta nada. No tienes que adoptarlas, así que escuchar sigue siendo barato.